Cuando hablamos de creatividad se me viene a la mente una de las más famosas frases que dejo un tal A.Einstein: “La creatividad es la inteligencia divirtiéndose”. No podría estar más de acuerdos con esas palabras. La creatividad es una de las características más importantes del ser humano. Está ligado a la innovación, a la capacidad de crear algo nuevo, a los avances en la tecnología o avances científicos, inclusive, a los cambios sociales.
Es por ello, que en el ámbito publicitario no iba a ser menos. La creatividad trata de resolver los problemas que existen entre el consumidor y el anunciante. Me atrevería a decir que el campo de la publicidad es uno de los mejores para el desarrollo de la creatividad.
Con la actual saturación del mercado, al mismo tiempo que la constante repetición o similitud de los productos, hace que sea cada vez más necesario conseguir la atención del consumidor. Aquí es donde entre en acción el proceso creativo. El objetivo se centra en renovar constantemente el mensaje, de encontrar un nicho de mercado para el producto.
La originalidad es un punto clave en el sistema de la creatividad. La creatividad publicitaria es capaz de dotar de personalidad propia a los productos. Por tanto, la creatividad es lo único que posibilita la distinción entre productos y brindar personalidades o identidades. Un anuncio original contiene elementos que son extraños o sorprendentes, o que se alejan de lo obvio y del lugar común. El foco se encuentra en la singularidad de las ideas o de las características contenidas en el anuncio.
Para concluir, podríamos decir que el papel de la creatividad en la publicidad se encuentra en el momento más transcendental de su historia. El contexto actual, donde vivimos en una sociedad cada más líquida y confluente, donde la búsqueda de una identidad propia es cada vez más valioso. La publicidad (y a través de sus productos) sirve como vendedor de identidades.